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Mostrando entradas de julio, 2016

Y, de repente tú

Yo veo emociones cuando te miro, al igual que un lienzo al óleo las produce. Tal es como yo te admiro. La paleta de rojos de Velázquez en tu boca. La torre del oro en tu rubio pelo. Tan bonita, tu dulzura, que parece que el arte se equivoca cuando no eres tú la musa ni el boceto. Salvador Dalí hubiera renunciado al surrealismo si hubiera visto ese mundo que escondes tras tus ojos. Tan ciertos y tan vivos que, de ellos, nadie querría salir. Yo me negué al amor una vez. Puede que muchas. Pues se revela desconcertante y también es dolor. Es misterio y es duda. Sin embargo, te conocí y desde entonces, es claridad. Y puedo sentirlo mucho más leal y mucho más real. Como las explosiones de sabores mexicanos en el paladar llegas tú bombardeando todos los engaños en los que me acostumbré a saberme amada. Solo estaba desarmada. Aprendiendo. Con el corazón a dieta e impidiéndome a mí misma ver la verdad. Y, de repente tú. Con tu forma de querer tan sencilla. Porque es fácil quererte. Sin prisas…

La musa que nadie dibujó en pintura

Cariño, tienes una cintura que suscita cobijo a mis manos. Mientras más la deseo, más fuerte te abrazo. ¿Notas que soy yo el verano? Bajo mi pecho la primavera florece y bajo mi ombligo los gusanos de seda se transforman, y yo siento al calor más fuerte. Quizá sean tus brazos el lugar más seguro que puedan conocer mis pedazos. Quizá tus labios sean mi oxígeno y por eso, si no estás te extraño. Si no fuera por esos ojos que tienes, yo no estaría tan perdida _en ellos, en ti_. O, bueno, sí, si contamos que eres lo único que consigue desvestir todo lo que siento. Que solo tú y el también el viento conocéis todos mis secretos. Que solo tú y también tu luz _la de tus ojos_ me desatáis y hacéis al deseo notorio y es cuando quiero, que no seas tú ni yo, sino, nosotros. A veces creo que eres la musa que nadie dibujó en pintura. Y tengo yo la suerte de tenerte entre mis dedos y dejarnos las huellas, como un escultor en su escultura. Que es tu boca la única que dejo que me desnude mientras me …

La no evolución

Es irónico pensar en cómo el mundo desarrolla maneras para modernizar el estilo de vida, que cada vez es más superficial y más dependiente de las tecnologías; sin embargo, en cuanto a formas de pensar, muchos viven aferrados en tradiciones y culturas que castigan y juzgan el progreso racional que depara a la independencia de cada persona como único dueño de sus propias elecciones, sin cadenas, sin obligaciones ni miedos por traicionar el honor de la cultura étnica, o de las normas de alguna religión. Tristemente existen religiones clasicistas que no permiten el desarrollo a la mujer. Que se indigna y no permite su libertad, su opinión, su voto, sus derechos. Que, en definitiva, no la permiten ser.
También, existen ideales que denuncian y que juzgan al amor entre sexos iguales. Y se manifiestan como los detractores del pecado y de lo inmoral, como si el simple hecho de querer fuese algo anormal. Hay costumbres que, sin quererlo _o queriendo_ maltratan a animales que no son más que víctimas de festejos ca…

La inmortalidad de las mariposas

Intento hacerte caso.
Dejarte a un lado. Dejarnos por un tiempo. Hacer como que no siento. Pero te encuentro en los recuerdos que me producen las charlas con otros; me quedo pensando en lo que me respondías tú. Y es cuando me vuelve la sonrisa. Empieza a abrirse el ataúd de todo lo que he intentado matar después de que decidieras parar conmigo al mundo que nacía bajo nuestros pasos, de todo lo que parecía mariposa bajo nuestros ombligos, de todas las noches que eran como tardes de domingo. Y no lo puedo evitar. Que, estás siempre presente de alguna forma, y cuando te pienso, no siento ningún sentimiento herido, cuando pienso en ti, yo solo siento paz. Es esa tranquilidad que nunca he sentido por nadie en pleno intermedio, en pleno punto muerto. Olvidándome de olvidarte. Contigo mi corazón, aun sin estar, no se siente desnudo, lleva impecables, y anudados, los cordones de seguridad en sus zapatos. Y no tropieza con el olvido ni con los mismos errores de cualquier otro pasado. Sin embargo, si tú no fueras tú…

De sexos ocultos

Amar a quien te ama es un privilegio del que no acostumbramos a valorar.
Ya de pequeños husmeamos a la curiosidad, y nos fijamos en otros niños, sonreímos tímidamente y nos sonrojamos. Y nuestros padres nos advierten con recelo a quién sí y a quién no mirar y con qué sí y con qué no jugar. Es como si todo estuviera lleno de etiquetas que nos dicen “esto es para niños y esto para niñas”. Y nos determinan el perfecto canon de belleza, el perfecto modelo de formación y de formalismos, el correcto modo de vida conformista empleando el convencionalismo. Y, educándonos dentro de todos estos estilos predeterminados de vida, olvidamos a nuestros sentimientos, a nuestra libertad y a las alternativas. Y nos tragamos todo eso de que, si eliges otra opción, no estás haciendo lo correcto. Pero la elección, a veces, solo es una excusa, un pretexto, para que acabes haciendo lo que quieren y lo que crees que eres, lo que crees que debes. La realidad, es que hay cosas con las que nos sentimos mejor sin haberlas elegido…

Denuncias

El mundo tiene que hacer algo más que ponerse de luto
y que guardar un minuto de silencio. Los medios de comunicación deben hacer algo mejor que pronosticar y desvelar métodos de crimen perfecto para que otros asesinos, violadores y desalmados copien las formas de no dejar pruebas ni restos. Y mientras, los espectadores de todo este desastre de vida desaprovechada, pensamos que a nosotros no, que eso solo les pasa a los demás. Pero, la realidad es que nadie estamos a salvo. Nuestras familias, hijos, vecinos, amigos, conocidos desconocidos, ni nosotros mismos. Porque mientras pisemos el mismo suelo que pisan esos monstruos, nadie podrá tener la total tranquilidad de pasear en la noche a solas, de dejar a nuestras hijas con sus padres en sus días de régimen de visitas. O de confiar en el ex al que ya no quieres y salir a un encuentro con él. Que la gente lleva máscaras y no son tan buenas como pretenden con sus apariencias, con sus “he cambiado” o “puedo cambiar”. Que, los talleres de rehabilitación psicol…

Con los ojos abiertos

¿No te pasa que, vives algo de manera tan intensa
y con tanta ilusión, que no te das cuenta
de lo que verdaderamente pasa?
Es como si tú no lo vieras.
Como si tuvieras, en los ojos, unas manos puestas
que no te permiten ver.
Que no te dejan razonar.
Y, entonces, cuando todo eso pasa,
cuando ya nada te quita la vista,
ni te arrastra a seguir en la misma mala idea,
te das cuenta de que todo lo que vivías, era una realidad paralela.
Una con la que tú te hacías feliz,
pero no más que una mentira.
O casi.
Supongo que nos ciegan los deseos.
Las intenciones de sentirnos felices.
Y vemos solo lo que creemos que es bueno;
"todo va bien", te dices.
Pero no todo va bien.
Lo peor de todo es que, no puedes prometerte a ti mismo
que no volverá a suceder,
como si con una vez _o con muchas otras_ no nos hubiese valido.
Porque somos los animales imperfectos.
Con cerebro, sí, pero imperfectos.
Y, joder,
no siempre es fácil reconocer a las verdades.
Sería más sencillo si te las expusieran so…

De amor y de miedos

Me gustaría que habláramos.
Poder contarte tantas cosas... Darte los buenos días con la sonrisa del que vive optimista mientras los demás vivimos apenados. Y quizá mientras se curve mi boca, te apetezca mudarte en ella, donde será siempre verano si tú la tocas.
Por aquí todo sigue igual. Mi lado izquierdo aún apuesta por lo nuestro, y aunque no estés ahora, no se lo toma del todo mal. O sea, no quiere complicaciones con otros, aunque se complique por ti, pero sabe darte tiempo. Porque no quiero otras personas. No quiero conocer a nadie más. Ya estás tú, y contigo no tengo excusa para poder ser mi mejor yo y tenerlo que dejar. Porque me haces ser justamente lo que soy sin tener que esconderme, y eso está bien. Más que bien. Por el momento solo puedo pensarte, y miro tus fotos como si así te pudiera saber. Me sé de memoria muchas cosas que me decías; conversaciones de móvil y llamadas de teléfono que sonaban más puras y más putas que cualquier poesía. Y, con todo eso, siento tanta fuerza que nadie me podría hacer…

El manual

Nadie me explicó que dolería tanto.
Ni tampoco yo imaginé que fuera así. Que te rompan el corazón y tu ahí, intentando salir de la decepción mientras sigues llorando. Y llega un momento en el que quieres hacerte la fuerte cuando todavía no lo estás. Necesitas a ese parche que te tape los ojos para no mirar atrás, sólo al frente. Pero es difícil seguir adelante, y ningún consejo parece entenderlo. Sientes la necesidad de agarrarte a algún clavo ardiendo. E intentar hacer como que puedes rehacer todo lo roto y empezar de cero. Y ahí vas tú, con una manera de suspirar tan rota, cogiéndote de cualquier esperanza servida en alguna boca que no promete aún, sólo te sopla las heridas y tú te dejas. Pero tienes a las ideas tan descompuestas a causa de tanto dolor, que ya a la razón ni la controlas ni la manejas. Y es cuando, queriendo recomponerte, conoces a ese alguien dispuesto a sostenerte para lamer una a una cada rotura de tu piel. Y tú lo intentas. Y está bien. Pero no es el momento.
Pasa el tiempo _poco o mucho, e…

Máscaras de utopía

La gente usamos medias tintas. Ya sabes, como eso de poner media sonrisa cuando realmente quieres decir estoy jodida. Fingimos ser fuertes, porque es la única opción válida para ganar batallas contra la mala suerte. Y soñamos con quimeras para hacer más bonitas a las penas. Nos vestimos con caretas de gomilla, para protegernos, para fingir, para reír cuando no nos sale y también, para contar mentiras. Y quizá para sentir menos miedo. Para aparentar. Para guardar los celos o cualquier otro sentimiento. Y para defendernos cuando nos sentimos de menos. Son emociones de utopía. Máscaras que, aun siendo falacias, necesitamos en cualquier día a día. A veces, por necesidad de sostenernos a sí mismos, otras, para salvarnos el culo de cualquier mínimo abismo. Y hay quien las utiliza para seguir haciéndose el bueno, sin querer ver o sin importarles que sólo hacen daño, transformando a corazones entregados en huraños. Es así. Todos en menor o mayor grado somos alguna vez un poco menos nosotros, para sentirnos un poco más a s…

Naufraguemos

Te confieso que nunca me atrajeron los ojos azules, pero es que los tuyos… me hacen nadar hacia otro mundo en el que sin duda me mudo. En el que no pasa nada si llevo las manos manchadas de heridas o de fallos. O si me relamo la boca después de bebernos y tenernos. Yo siempre lo he tenido claro contigo. Te vi y supe que eras el lugar de donde siempre quise ser. Provocas ese te quiero efervescente con el que haces que todo deje de estar del revés. Es como si fueras una quimera hecha realidad. Porque te miro a los ojos y siento que podría perderme en ellos, y que no necesito más _sólo naufragar en ti_. Respirar tu calma y sentir así que estoy en la justa línea donde nada me falta. Que me hables bajito, y que, aunque sea por una llamada de teléfono, ya me hagas sentir que estamos cuerpo a cuerpo, pasando las horas tontas sonriéndonos. Para mí los sueños modestos y pequeñitos son los mejores. Como cuando te coges de mi mano y te beso despacito la frente, los párpados, las mejillas, tus labios… Y pierdo la cuenta de por…