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Entradas

La intranquilidad de una mente inquieta

Dejo de mirar al mundo con la ansiedad por el mañana.
Yo soy Eva y el deseo es la serpiente que me enseña la manzana.
Esas ganas que me gritan desde dentro y no me dejan libre.
Llevo resaca sin haber bebido cubalibre.
Son esas copas del descontento.
Es el "ya llegará" con el que me calmo, o, quizá, me miento.
Es la vida que me araña, y duele.
Es el mundo, que, parece mirarme con vacilo, y hiere.

Entradas recientes

Una canción de rock

Mi corazón es un micrófono abierto
cuando pasas cerca de mí,
y empieza a bombear fuerte contra mi pecho,
tarareando a voces alguna canción de rock, feliz
Imparable.
Invencible.
El desencanto deshecho a mis pies
y la magia brotando en el aire insostenible,
cayendo sobre nosotros.
Hechizados.
Salvados, con tan solo rozarnos las miradas.
Tú y yo sobrevolando todas las sonrisas del revés;
así tú me salvas, mientras la vida para el resto sigue intacta.

Balada triste de piano

Los últimos mimos.
Las despedidas tristes. El adiós definitivo. La larga espera entre paredes con la pena colgada entre alfileres. Las miradas inquietas,  sin saber dónde esconderse. El silencio entre murmullos perforando un vacío que hace a la fuerza penderse. Los suspiros entrecortados. El aliento por la angustia,  arrebatado. El luto en camisas manchadas de  salpicaduras de llanto. Ni hambre ni sueño ni sed ni tampoco empeño en seguir caminando. Las horas pasan pesarosas, y solo puedes revestir al dolor con un collar de rosas inmaculadas. Los días, las noches, con olor a humedad. Es esta tristeza que no se va. En momentos como estos no existe la suerte. Hoy vi la impoluta mañana despertando. Hoy conocí a la muerte.

Magia

Solamente le vi pasar ante mí,
con sus ojos grises.
Me regaló su sonrisa, y yo...
yo solo sentí ser forastera de otros países
que no había visto antes.
No sé qué pasó en esos dos minutos
en donde no podía dejar de mirarle.
Yo solo sentí cómo los 8 planetas se hacían diminutos
al mismo tiempo.
Y yo, era Plutón, mientras su presencia
era el mismo firmamento.
Le veía allí donde mirase.
O quizá era lo único donde yo quería mirar.
Yo solo quería que se quedase.
Que siguiera siendo aquel extraño hechizo al que yo pudiera sonreír.
No sabía si volveríamos a vernos
o si toda esta magia se quedaba allí.
Y también en mi recuerdo.
No sabía si no sería mutua la sensación de aquel día
o si sería el inicio de algún tipo de preacuerdo.
Pero ese momento fue el principio de todo.
Y también fue el momento de
dejar de sentir a mi mundo medio roto.
Incendió bajo mi pecho una revuelta causando una especie de Revolución.
Desde entonces yo ya era la bandera blanca.
Porque, desde entonces, su mirada es mi per…

Opus magnum

Ella,
ella no era como las demás.
Sacudía su pelo despeinado entre el viento
y no le importaba que los mechones taparan su cara.
Miraba al mundo con tiento,
sonriendo en cualquier sitio donde pisara.
Sus ojos eran como la noche estrellada de Van Gogh.
Podías mirarlos y creer perderte entre luces de cielo
sonando de fondo, en tu cabeza, alguna canción.
Estaba cansada de declaraciones de intenciones y de amores de hábito.
Esperaba a que la mirasen como nunca antes,
con esa rara magia o pálpito.
Ellos,
no sabían ver que ella
era arte.
No porque su corazón tuviera forma de arquitectura gótica,
ni porque sus labios estuviesen manchados de pintura barroca.
Sino, porque ella era única.
Era como una obra peculiar de inteligente elección,
en la que solo ojos con precisa sensibilidad
sabrían apreciar su valor.
Tal vez encontró al amor en algún bar de copas,
entre charlas sólidas y música grunge,
o quizá aún siga sola,
y así se quiera más.
Solo sé, porque recuerdo todavía, que, ella
no era como …

La chica coraje

Es difícil verte sin reír casi a carcajada,
tú que eres la chica de la sonrisa infinita.
Con tu aire misterioso, vas recogiendo miradas
que para nada te hacen sentir pequeñita.
Tú, que has visto batallas en tierras que eran hogar
y has sido fuerza cuando cargabas a tus hombros
una tristeza que era más bala que puñal.
Y aun así regalas tu sonrisa como si nada te doliera.
Como si nunca hubiera pasado por encima tuya la vida
mientras ésta se riera.

El bucle

Siempre es lo mismo.
Dedicamos canciones y con detalles obsequiamos
como si diéramos un trocito de nosotros.
Besamos lento como si no hubiera tiempo.
Abrazamos
como si se acabase el tiempo.
Apretamos el pecho al otro queriendo que
el minutero fuese infinito,
pero es corto todo este aliento.
Es breve la sensación de sentirnos a gusto.
Y aun así, damos todo nuestro esfuerzo por querernos,
aunque sepamos que todo acaba.
Como si luego no fuera a dolernos.
Pero, la verdad es que, sabemos que todo este
suspiro de éxtasis emocional, va a derrotarnos
en cualquier momento.
Sabemos que abriremos en canal al corazón
para sacarnos el uno del otro.
Normalmente es así como suele ser.
Y, pese a todo, nos arriesgamos para volver
a sentir la breve felicidad,
a sabiendas de que, en algún instante,
echaremos a llorar.