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Invierno

Pronto llegará el invierno
y con él, mi tristeza árida empezará a humedecerse.
La llovizna se descubrirá en las noches de café frío
cuando me encuentre a solas con toda esta pena que nunca va a detenerse,
y que coge entre mis manos,
como este vaso que ofrece sabor a mi disgusto.
Que, ya duele este camino tan poco llano;
y dime si es lo justo.
Que duelen las ausencias
de quien deja de estar; los reproches por todo lo que no fue,
y los huecos llenos de polvo y telaraña de las carencias.
Sobre todo de las carencias.
De todo lo que podría haber sido mejor.
Que pude haber sido mejor y no lo fui.
Que pudieron ser mejores y no lo fueron.
Que las culpas, da igual de quienes fueron, que solo sé
que quien se queda taciturna, soy yo.
Y con mi tacita en la mano, de café,
intento olvidar todas las ausencias que duelen,
los reproches por todo lo que no fue,
y los huecos llenos de polvo y telaraña de las carencias.
Sobre todo, las carencias.
Y de todo lo que podría haber sido mejor.
Y aquí estoy yo,
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Cualquiera podría decirte que le encantas,
creyéndose que te conoce.
Y te miran, esperando de ti, siempre algo más.
Yo, en cambio, te diré
que lo que me gusta de ti es la diferencia que pareces
entre tanta normalidad.
Esa normalidad podrida.
Esa normalidad que, para señalar,
sí que es la más atrevida.
La que juzga pero no se alude.
La que reprime y margina.
La que hace que la angustia chorreé por tus poros y te sude.
La que sonríe y te traiciona cuando marchas.
La normalidad;
esa sucia normalidad llena de manchas;
esa que no quiero,
esa que no tolero,
                                     esa
                                            que
                                                    no
                                                          eres.

Y tú, con tu sonrisa tan presumida,
vestida de atrevimiento.
Rojo pasión,
rojo sangre escarmiento.
Luces tu cuerpo con tinta sobre la piel.
Es tu propia constitución la que exhibes;
tus emociones, tus normas, tu decreto ley, tu forma…

Ahora o nunca

Mientras yo mato las horas
recordando lo que fuimos y no seguimos siendo,
tú me matas a mí;
por no arriesgarte, preferiste irte huyendo.

Tú te quedabas, de la moneda,
solo con una cara.
Era,
o todo o nada.

Si te vas, no me busques,
te dije.
Porque es ahora o nunca.
Que no va a haber oportunidad después
de que el dolor se regocije.





Libro a medias

Te dije, "quédate mientras quieras."
Tú eras el lector y yo el libro que fracasó
por leerme a medias.
Pensé que te quedarías todo el tiempo.
Pero solo te valió retenerme para ser
por un rato tu pasatiempo.
Y así, en realidad, yo no fui quien fracasó.
Fuíste tú, por no saber quedarte con quien importabas,
mientras a ti no te importó.

País de títeres

No quiero un país que se desune, que se desbarata, que se intoxica con los prejuicios y tópicos. Ni quiero que llevar a su bandera, sea una compañía poco grata, donde la ondee y la luzca solo para  vitorear las victorias de fútbol. Entonces sí, orgullosos. Entonces sí, no hay vergüenza ni pudor.
No quiero que los colores de esta tela bordada solo represente al flamenco, a los toros, a las tapas y a las juergas como si fuese nuestra única realidad. Como si todos representásemos esta realidad. Como si olvidaramos a la gran cultura de la que podemos presumir, como la que dejaron españoles poetas, pintores o arquitectos, belleza que no se puede ni debe olvidar ni reescribir. Por qué no mejor pensamos en todo aquello. Por qué echarnos los balones fuera para juzgarnos, en lugar de dialogar, y luego decidir.

Si esto es así, no lo quiero.
No quiero un país que se señala a sí mismo
por los diferentes acentos y dialectos,
y ríe con burla, y acusa como si esto se tratase de un defecto.
Orgullos…

Inerte

Un continuo juicio hacia lo diferente.
La verdad contraria.
La razón que no entiendes.

Debates sociales llenos de inconformismo.
Violencia abrupta.
El telediario podrido
de prensa rosa, crímenes, violencia machista
y política corrupta.

La bandera nacional en los balcones
gritando en sus ondeadas una libertad democrática.
Tan falsa, tan soñadora, ella tan máscara
y nosotros tan marionetas.
Seremos, seguro, piezas de alguna gubernativa táctica.

Desesperación.
Un puño alzado clamando libertad.
Barricada en las calles
con la intención de que de una vez por todas
nos escuchen a voz quebrada.
Nuestros derechos escritos sobre un papel que no tiene seriedad.

Rompemos España.
Nos enfrentamos entre ciudadanos.
Removemos el polvo de la historia.
Y entre tanta lucha sin resolver, el corazón se nos empaña.

¿Qué logramos?

Llantos de dolor.
De injusticia.
Un quebranto en donde
nuestros ojos no pueden soportar
más decepción.

Decepción por la desigualdad.
Por el fraude.
Por la falta de conciencia o vo…