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Cóseme

No sé si soy yo, que no aprendo a creer que sí podemos estar bien, o si fueron tus reproches los que me golpean con el recuerdo, cuando te miro. En la noche me detengo sin querer, ante la ausencia de tus colmillos; se me pasa el enojo y el amargor de los cortes de nuestros cuchillos, cuando me hieres o te hiero; entonces te echo de menos, y te necesito un poco más que de costumbre.
¿Te has dado cuenta ya de lo bonita que parece la vida cuando nos correspondemos? Tu mirada brilla y yo sonrío por tenerte. ¿Te has dado cuenta ya de lo triste que parece cuando no nos tenemos, cuando peleamos y nos echamos como si fuera la vez definitiva?
No sé si soy yo, o eres tú, o si son esas notificaciones automáticas en nuestra cabecita, queriendo decirnos que vayamos con cuidado, pero ¿acaso eso nos salva? No nos salva. Duele igual. Pero yo quiero intentarlo; eso nos salva de la duda. Y mientras me quieres, la melancolía se me cura.

                              Yo soy pespunte y tú eres aguja; cóse…
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Siluetas

Me gustan las noches en las que somos siluetas y te busco con mis manos. Las noches en que junto tu cuerpo al mío, mientras el tiempo sucede rápido y no quiero irme. Pero lo bonito de todo es cuando tu risa logra embestirme para apoderarse de mis recuerdos y recordarla cuando no estás. Te beso a ciegas mientras también tu ombligo besa al mío y parece que bailamos lento al mismo compás.
Es ese momento en el que se disipa toda duda, y mi corazón te exige, porque no quiere nada ni a nadie más.

Mientras la luz del día se apaga, nos buscamos como un animal busca resguardo. Pero esa luz vuelve de nuevo, de la misma manera en que vuelve nuestro estúpido empeño por reprocharnos.
Es como si nos volviéramos lobo bajo la luna, y nos atacáramos indomables. Es la luz, que deja entrever a cada arañazo. Y en la noche, solo somos siluetas, que buscan la cura, por necesidad.
Necesidad de sobrevivir juntos una vez más.
Es el recordarte, frágil, ante mí, con tu sombra desnuda, como desnuda tu alma, lo q…

A ti, si llegas a leerme

No quiero tus disculpas. No quiero tu arrepentimiento.
Después de tanto tiempo, vuelves pidiendo perdón, ¿para qué? Eres pasado y no te quiero aquí ahora. Que solo tú sabes el daño que me hiciste y solo yo sé lo que dolió.

No vuelvas.

Como cual gato manso

Yo soy quien pone la cabeza para que acaricies mi nuca. Y aunque sea yo la arisca, soy también quien se rinde bajo unos dedos que sean salvavidas y hogar a la vez; y yo me siento bien mientras mi alma así se abastezca. Soy yo quien se desnuda emocionalmente solo cuando importas en serio, y entonces dejo que me abraces con fuerza.
Soy quien se atreve a decirte a las 2.00 de la mañana todas las cosas que no te diría a la luz del día.
¿Cobarde? No, cobarde no; es la madrugada la que me inspira osadía.

No te aproveches de este gato que deja de arañar cuando se refugia entre abrigo. Busca en ti su abrigo. Saco los dientes al mundo, cuán enfadica. Pero llego a tus brazos y maúllo pidiendo que me toques con tus manos. Me amanso; me amansas.

                        ¿Cuántas veces tengo que decirte, que si me quieres, te quiero?

Inerme

Ya sé que tú prefieres escuchar qué siento por ti.
Yo prefiero ahorrarme las palabras, hacerme la loca
por si un día me arrepiento de quererte; yo solo pienso en mí,
por si la pena viene, y otra vez me toca;

por si la pena llega, y de nuevo me sienta sola.
Tú no me comprendes, ni yo te comprendo a ti.
¿Qué tal si nos ponemos fin?;
que es el daño que me haces sin querer, quien ahora me controla;

aunque me haya acostumbrado a tenerte;
aunque te declarase mis tequiero diciéndote teodio
con mi sonrisa pilla, por si nos convertíamos en episodio;

que esos tequiero no te parecieran una mentira y así no pudiera dolerte.
Pero te dolía de todos modos, porque preferías escucharlo.
A mí me hacía lastre mi pasado, y que tú me dijeras aceptarlo
pero no hayas sabido entenderlo.

Por no entenderlo, y así hayas creído sentir que no te he dado lo suficiente.
Por darte a mi manera, y ser ese el punto de mira, siempre.

No fuimos nunca lo que alguna vez hemos buscado.
Me abriste los brazos pero me pedías u…

¿Valía la pena?

Deja de enfocarte por un momento.
Amordaza a tu orgullo, solo por un momento.
Y en ese solo momento, intenta comprender qué era lo que realmente os separó.
Y qué hubieses cambiado con tal de que siguiera ahí.
Contigo.


          ¿Hubieses cambiado algo, o mejor así?


Persistencia

A lo largo de tu vida vas a encontrarte obstáculos;
personas que rechacen lo que haces o lo que eres;
personas y situaciones que te dirán que no.
Demuestra que sí puedes.
Con todo.
Contra todo.
Confía tú en ti.
Lo demás no importa.
Que nada ni nadie te ponga tope.

Sé fuerte.
Exígete, persiste;
aunque el mundo entero parezca darte la espalda.
Y arrasa.
Gana.
Gana tu felicidad.
Y que se joda todo.
Que, no hay mayor placer
que noquear a todos tus reveses de un solo golpe.