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El momento exacto, la persona exacta (2)

No busques en mí.  No soy yo.
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El susurro de las Moiras

Me muevo por pura física.
El abatimiento se apodera de mí, me agarra del cuello,
me vapulea y me intoxica.
No tengo hambre, pero como obsesiva,
me pasa a veces, creo que reconforto mi ansiedad;
en ese único momento encuentro la evasiva;
tengo en mi inquietud, su mella.
Esta angustia tan frecuente
es la que me hace devorar a la tristeza y convertirme en ella.
Tengo al desconsuelo a diario en el reflejo de mis ojos,
en mis pies derrotados
y en una capa imaginaria sin arrojo;
esa tela que llevo a mi espalda, desteñida,
queriendo salvarme;
pero esa capa de superhéroe ni me salva ni me cuida.
Voy de un infierno a otro,
y empieza a cansarme pelear con mis demonios.
Voy a rendirme; voy a rendirme; soy yo quien sobro.
Me duelen las ojeras, ya sombrías;
no soporto ni una lágrima más.
Las fuerzas de mi cuerpo ya no son mías.
Las tiene él;
me maneja, me controla, me grita y me aniquila lentamente,
y yo siento que ya no puedo contra él.
Él soy yo.
Yo soy Thanatos.
Porque yo soy quien se deja; veo…

Sin cicatrizar

Esas cicatrices, no de la piel ni de la carne, las emocionales, las que no se van, las que no se curan por mucho alcohol o pastillas que ingieras para quererlas olvidar. Duermen solo por momentos, o quizá no. Quizá nos volvamos más violentos bajo la embriaguez nítida e impasible. Son esas malditas heridas psicosomáticas tan jodidas de exterminar... Mi mente, mi mente a veces no puede más. Se van, a veces por instantes, por horas, días, incluso, puede que con suerte, por años, pero nunca es para siempre. El recuerdo es mi asesino en serie, y yo su misma víctima de siempre.
Quiero olvidar; te juro que lo intento. Pero todo mi cuerpo hace eco del dolor, y reacciona desesperado y enmarañado con el mismo recuerdo punzante. Es un cuchillo. Un viejo cuchillo afilado y oxidado que se clava constantemente en mi carne, y me hace sangrar. Me hace suplicar que me deje de una vez por todas en paz.
                                                                                                     …

Carencias

Es desorbitadamente brutal cómo la mente puede engañarte a ti mismo para hacerte creer que estás con la persona adecuada, cuando se trata de la persona totalmente incorrecta, únicamente por recibir unas migajas de cariño que ves magnificadas por una ceguera emocional.

Irma

Soy tan frágil que podría romperme ahora mismo como una bailarina de cristal de equilibrio bobo, o como la lágrima que brota de los ojos y rompe en lamento.
Soy la ausencia de colmillos del lobo, y el embuste de una sonrisa en una boca deprimida y también soy el que la mira sin saberlo. Me hizo así, la vida; saco los dientes siempre antes de tiempo por si me busca la decepción, y así intento evitar su herida. Porque desde mi primera herida, soy el por qué de todos los fracasos, el casi sí, pero no, la pregunta sin respuesta y el huracán Irma. Llevo el corazón lleno de tiritas de un color verde esperanza, que quizá ni sirva. Pero me enjuagué la sangre que ensuciaba mi cuerpo, y ahora, las marcas que me deja esta puta vida, al menos, parecen menos terribles. Quedamos contra las cuerdas; la dependencia de un estado anímico, la vulnerabilidad de nuestra fortaleza o la ira sometida al límite; todo en lo que nos encogemos y alzamos según nos maneje la vida. Porque ella, es nuestra dueña. A …

Los planetas

Piensa en los planetas.
Esas otras tierras del cielo que se desplazan entre las constelaciones.
Como tú, nómadas e inquietas.
Como tú, porque te mueves entre los lunares de mi piel,
orbitando y residiendo en cada trazo de mi ser.