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Me quiere, no me quiere...

Silencio.
Un mensaje intenso eliminado.
Un caos en la cabeza removiendolo todo.
Más silencio.
O quizá sea que el mundo se vuelve insonoro
ante el ruído fuerte de este desequilibrio, de este abatimiento.

Sé que vendrás un día, lo sé.
Vendrás con un ramo de excusas,
diciendo lo siento;
explicándome que preferiste hacerme daño,
que preferiste no decirme toda la verdad.
Que preferiste mancharme con la duda
y con tu manera dañina de dejarme atrás,
en todo momento, atrás.

Me has dejado desnuda, tendiendote mis manos,
ofreciendo lo único que te he podido dar: siempre a mí.
Me has vacilado entre los si-no, y me has aguardado con tu inseguridad,
para darme inseguridad.
Y no darme nada más.
Solo la certeza de todo lo que ibas a ser y nunca llegaste a ser conmigo.

Mentiras, bipolaridad o indecisión.
Es todo lo que me has acabado aportando.
Son todas las razones por las que si un día vuelves,
te daré la bienvenida con una muy clara negación.

Ya no te quiero; me quiero yo.
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Volver a ser

Bajo la quietud que cubre, hay miedo.
Hay arrepentimiento constante,
desasosiego, cansancio y un sentimiento de fraude que forma sobre la piel escarchas de hielo.
Soy hielo. Yo soy hielo.
Me he convertido en irracional, quizá, también, en bipolaridad. Noto un frío inexplicable entre mis manos que acaricia sin sentir; ya no siento, soy peor que un animal.
Actúo por instinto. Olfateo antes de quedarme y me aparto donde creo seguridad.
No hay seguridad, y el amor queda extinto.

Bajo esta quietud que me cubre, no solo hay miedo.
Intento volver a ser,
pero mis dedos se paralizan justo antes del roce.
Me bloqueo; no puedo.

Siento que ya no puedo y que mi orgullo ya no cede.
No es el corazón desbordado de recuerdos
ni mi piel arañada de pasado,
es una incapacidad de dar y sentir que me sucede.

Soy yo que, involuntariamente, he dejado de ser.
No es que no quiera sentir,
es que ni soy títere, ni mi corazón marioneta.
Pero bajo esta quietud que me cubre, espero pacientemente a renacer.

Lost

¿Dónde estoy?
Me miro las manos llenas de ceniza,
y veo caer una lágrima; quizá antes fueran sueños
de este cuerpo que agoniza.

Busco razones.
Mis zapatos me llevan a ninguna parte, pero quiero irme.
He hecho aviones de papel que vuelan
más alto de lo que yo puedo permitirme.

Busco razones para quedarme de una vez
en un sitio seguro del que no me quiera ir;
del que no quepa sentirme incapaz;
del que no quiera abandonar, escaparme ni rehuir.

Soy yo el avión de papel.
El avión de papel desbaratado por la lluvia
de estos charcos que inundan en mis ojos.
Veo todo mojado; veo todo incierto, difuminado; veo cómo me diluvia.

Veo cómo no llego al aro salvavidas.
Nado con fuerza, y mis brazos tiemblan,
pero no llego a ninguna meta y mis pies ya perdidos en mitad de la nada.
Tirito por el frío de este vacío y mis miedos tiemblan.

Estoy perdida.




Miedos

He querido tantas veces quedarme, consiguiendo solo perder la intuición, las ganas e incluso a mí, que ahora cuando quiero quedarme, también quiero, incurablemente, huir.

La posibilidad del imposible

Porque nunca es la vez correcta, ni la persona adecuada, y ya cansa intentarlo.
                                                                                          Y ya cansa intentarlo.

Nadie

¿Hay alguien capaz de decir algo que acabe siendo cierto?, sin apagones emocionales o altibajos, sin conveniencia ni mentira. Capaz de demostrar que todo lo que dice, es real y que, no... a las semanas o a los meses, no expira.

Tú no lo entiendes

Soy la intocable; cuidado, no me toques.
Escucho música triste mientras pienso;
maldita vida, ¡para!, no me ahogues.
Si abro los ojos me siento perdida como un animal en un bosque.
Cualquiera enorme y recóndito
en el que quisiera que nadie pudiera escuchar murmurar mi voz
ni cómo grito.
Imagino que corro.
Quiero correr y no puedo; estoy atada.
La incapacidad me bebe a morro.
Escucho voces tan cerca; quisiera ser ajena;
no quiero estar aquí, porque aunque soy invisible,
puede verme y venir a por mí, la pena.

Quizá el problema siempre fui yo.
Me excusé en culpas de otros y no quise ver las mías.
Me empapo en mi dolor.
Me refugio en lo que podría ser pero no es.
Mis labios tiemblan, ya no quieren fingir.
Me autodestruyo, día a día,
porque he sido yo la que se fue.

                                              De mí.

Yo he sido pavor ante ellos.
He enmudecido por no replicar.
He mirado al lado y he ensombrecido,
y he fingido una sonrisa con la fugacidad de los destellos.
Me he convertido …